Avisar de contenido inadecuado

"Las intermitencias de la muerte"

{
}

Aunque es amante de la literatura en general, basta con mirar los estantes del medio de su biblioteca para comprobarlo, el músico tiene una predilección especial por los libros sobre astronomía y ciencias naturales o de la naturaleza, y hoy se le ha ocurrido traerse un manual de entomología. Por falta de preparación previa no espera sacarle mucho provecho, pero se distrae leyendo que en la tierra hay casi un millón de especies de insectos y que éstos se dividen en dos grupos, el de los pterigotos, que están provistos de alas, y los apterigotos, que no las tienen.

Según se puede ver en la imagen del libro, la calavera es una mariposa, y su nombre en latín es acherontia atropos. Es nocturna, exhibe en la parte dorsal del tórax un dibujo semejante a una calavera humana, alcanza doce centímetros de envergadura y es de una coloración oscura, con alas posteriores amarillas y negras. Y le llaman atropos, es decir, muerte. El músico no sabe, y no podría imaginarlo nunca, que la muerte mira, fascinada, por encima de su hombro, la fotografía en color de la mariposa. Fascinada y también confundida. Recordemos que la parca encargada de tratar el paso de la vida de los insectos a su no vida, o sea de matarlos, es otra, no ésta, y que, en muchos casos el modus operandi sea el mismo para ambas, las excepciones también son numerosas, baste decir que los insectos no mueren por causas tan comunes a la especia humana como, por ejemplo, la neumonía, la tuberculosis, el cáncer, el síndrome de inmunodeficiendia adquirido, vulgarmente conocido por sida, los accidentes por tráfico o las afecciones cardiovasculares. Hasta aquí cualquier persona lo entiende. Lo que cuesta más comprender, lo que está confundiendo a esta muerte que sigue mirando por encima del hombro del violonchelista es que una calavera humana, diseñada con estraordinaria precisión, haya aparecido, no se sabe en qué época de la creación, en el lomo peludo de una mariposa. Es cierto que en el cuerpo humano también aparecen a veces maripositas, pero nunca ha pasado de un artificio elemental, son simples tatuajes, no venían con la persona en el nacimiento. Porbablemente, piensa la muerte, hubo un tiempo en que todos los seres vivos eran una cosa sola, pero después, poco a poco, con la especialización, se encontraron divididos en cinco reinos...

Ahora está triste porque compara lo que habría sido utilizar las mariposas de la calavera como mensajeras de la muerte en lugar de esas estúpidas cartas color violeta que al principio le parecieron la más genial de las ideas. A una mariposa de éstas nunca se le habría ocurrido la idea de volver atrás, lleva marcada su obligación en la espalda, nació para esto. Además el efecto espectacular sería totalmente diferente, en lugar de un vulgar cartero que nos entega una carta, veríamos doce centímetros de mariposa revolotiando sobre nuestras cabezas, el ángel de la oscuridad exhibiendo sus alas negras y amarillas, y de repente, después de rasar el suelo y trazar el círculo de dnde ya no saldremos, ascender verticalmente ante nosotros y colocar su calavera delante de la nuestra. Es evidente que no regatearíamos aplausos a la acrobacia. Por aquí se ve cómo la muerte que tiene a su cargo a los seres humanos todavía tiene mucho que aprender.

(José Saramago; Breves párrafos de Las intermitencias de la muerte; pág 228-231).

{
}
{
}

Deja tu comentario "Las intermitencias de la muerte"

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre